Héctor Hernández Álvarez, Rafael Cobos

Facultad de Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, Yucatán, México

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Examples of passion and tenacity: women travelers, explorers and archaeologists in Yucatan during the 19th and 20th centuries

This article was written with the intention of giving a brief recognition to all those women who with their courage, passion, talent and interest in the past helped to forge the current Maya archaeology. Participating as assistants or companions in explorations of discovery or as researchers in their own right, these women travelers, explorers and archaeologists have bequeathed to us a fundamental knowledge about the ancient cultures of Mexico since the beginning of the 20th century. In many ways, they have been decisive in the direction taken by professional research on the material remains of the peoples who inhabited Mesoamerica. In the Maya area and in the Yucatan in particular, several women took on the task of documenting and investigating the remains of the ancient Maya culture and made known to the world the majesty of its ruins, paintings and art. Ann Axtell Morris, Alice Dixon Le Plongeon, Adela Breton and Tatiana Proskouriakoff, among others, wandered among the ruins of ancient cities registering enigmatic signs and reproducing colorful scenes that showed the desires and concerns of a culture already forgotten by time. In this sense, this article serves as a modest but well-deserved tribute to those women who dedicated part of their lives to unraveling the mysteries of the Maya-culture. It is an attempt to reassess the contribution of these pioneering scholars and their contributions to the development of archaeological science today.

Keywords: Mexico, Maya, archaeology, exploration, travel, woman.

Apasionadas, tenaces, comprometidas, talentosas, ya fuera como acompañantes de hombres ilustrados o como investigadoras en su propio derecho, mujeres viajeras, exploradoras y arqueólogas nos han dejado un conocimiento fundamental sobre las antiguas culturas de México desde el siglo XIX. En muchos sentidos, ellas han sido determinantes en el rumbo que ha tomado la investigación profesional sobre los vestigios materiales de los pueblos que habitaron Mesoamérica. En Yucatán, varias mujeres exploradoras y viajeras se dieron a la tarea de documentar e investigar los restos de la antigua cultura maya y dieron a conocer al mundo la majestuosidad de las ruinas, pinturas y arte de los antiguos pueblos que habitaron las tierras del Mayab. Mujeres exploradoras, artistas y fotógrafas que deambularon entre las ruinas de antiguas ciudades registrando enigmáticos signos y reproduciendo coloridas escenas que evidenciaban los anhelos y preocupaciones de una cultura ya olvidada por el tiempo. Pero también visitaron estas tierras arquitectas, museógrafas, epigrafistas y arqueólogas que sentaron las bases para el estudio científico de los mayas peninsulares. En este sentido, en el presente trabajo realizamos un merecido homenaje a aquellas mujeres exploradoras, viajeras y arqueólogas que dedicaron parte de su vida a desentrañar los misterios de la cultura maya. Se trata de un intento por revalorar la aportación de estas estudiosas pioneras al desarrollo de la ciencia arqueológica actual. Este trabajo se enmarca en la búsqueda por documentar las aportaciones de las mujeres a la práctica arqueológica alrededor del mundo (Claassen 1994; Cohen y Joukowsky 2004; Díaz Andreu y Sorensen 1998; Hamilton, Whithehouse y Wright 2007), y en especial en el área maya (Brunhouse 1989; Hernández Álvarez 2002; Levine 1994: 24-26, 28-29). Esta es un área de investigación que se ha venido desarrollando en las últimas décadas, a nivel mundial y en nuestro país en particular (Hernández Álvarez 2003; Rodríguez Shadow 2005), y que ha propiciado un interesante debate con respecto al papel de las mujeres en la ciencia, su lucha constante por la igualdad y la reivindicación de sus acciones en la historia. El criterio de selección de las mujeres presentadas en este trabajo obedece a sus importantes contribuciones en el campo de la arqueología mayista y a que nos legaron obras originales que han contribuido de manera fundamental en el estudio de la cultura maya prehispánica de Yucatán. Es por ello que, a partir de este enfoque que busca reivindicar las aportaciones femeninas al estudio del pasado, decidimos hacer un breve recuento, a manera de reconocimiento, a esas primeras mujeres que vinieron a la zona maya a realizar exploraciones y trabajos de documentación sobre esta antigua civilización que ocupó partes de Chiapas y Tabasco en el sureste mexicano, la totalidad de la península de Yucatán, Belice y Guatemala, y las partes occidentales de Honduras y El Salvador.

Viajeras, exploradoras, historiadoras del arte y arqueólogas (1874-1971)

En esta sección nos referimos a 17 mujeres quienes en diferentes momentos a lo largo de un siglo se dedicaron al estudio y práctica de la arqueología en el área maya. La contribución de estas viajeras, exploradoras, historiadoras del arte, dibujantes y arqueólogas ha quedado plasmada en sus diferentes trabajos publicados sobre sitios ubicados en la Península de Yucatán, la Selva Lacandona en Chiapas, la región norte del Petén en Guatemala y la porción centro-oeste de Belice. Además, reconocemos dos grandes períodos de tiempo durante los cuales todas ellas estuvieron activas en campo. El primer período se inició en 1874 y concluyó en 1924 y se caracteriza por la exclusiva presencia de viajeras y exploradoras. Un segundo período, que comprende entre 1924 y 1971, se caracteriza por la llegada al área maya de arqueólogas, historiadoras del arte, una viajera-exploradora, una historiadora y, justo en 1971, por la primera generación de arqueólogas egresadas en Mérida en lo que fue la Escuela de Ciencias Antropológicas de la entonces Universidad de Yucatán. Cabe destacar que, los contextos en los cuales desarrollaron sus trabajos esas formidables viajeras, exploradoras y arqueólogas fue variado y de acuerdo a las circunstancias de los tiempos. Por ejemplo, en un principio se encontraron motivadas por intereses personales, resultado de estudios realizados en un ambiente Victoriano (Adela Breton). Otras, aun cuando aprendieron el manejo de una cámara fotográfica (Alice Dixon Le Plongeon y Gertrude Duby Blom), o bien, estudiaron arqueología (Ann Axtel Morris, Edith Bayles Ricketson, Mary Ricketson Bullard), asistieron a sus esposos en el trabajo de campo y en el análisis de materiales arqueológicos, aunque sus resultados de investigación y aportaciones a la arqueología siempre aparecieron después de la sección escrita por sus correspondientes esposos (ver los casos de Ann Axtel Morris [1931] en el Templo de los Guerreros de Chichén Itzá y Edith Bayles Ricketson [1937] en el reporte de Uaxactun). La educación universitaria, ya sea como arquitecta (Tatiana Proskouriakoff), en historia del arte (Merle Greene Robertson) y como arqueólogas (Carmen Cook de Leonard y Amalia Cardós Fajardo), les permitió adquirir credenciales profesionales que utilizaron para poder integrarse a diferentes proyectos arqueológicos. Las investigaciones efectuadas por Proskouriakoff, Robertson, Cook de Leonard y Cardós Fajardo pronto arrojaron importantes interpretaciones las cuales, sin lugar a dudas, han contribuido de sobremanera al estudio de la civilización maya. Hacia la segunda mitad del siglo XX, el estudio de la cultura maya prehispánica abrió un nuevo campo de oportunidades de trabajo en el sureste de México y esto motivó a Beatriz Repetto Tió, Leticia Domínguez Escalante, Piedad Peniche Rivero, Lourdes Martínez Guzmán, Dorotea Andrews Zapata, Obdulia Cervantes de Solís y Josefina Espejo Peraza a estudiar arqueología como una nueva carrera profesional en la Universidad de Yucatán. Como veremos líneas abajo, en la primera generación de estudiantes egresados hubo más mujeres (7) que hombres (2). Esta diferencia numérica pudo deberse a que la arqueología en el sureste de México era una actividad asociada principalmente con investigadoras(es) extranjeras(os). Además, el ser arqueólogo o arqueóloga se consideraba más como un “oficio” y no como un trabajo profesional. En ese momento, la arqueología surgió como una opción profesional “alternativa” para las mujeres, ya que era muy diferente a la medicina y la abogacía que gozaban de gran popularidad en Yucatán pero que, invariablemente, estaban dominadas por los varones. Considerando lo arriba escrito, a continuación ahondamos con mayor detalle en las contribuciones de estas investigadoras del pasado prehispánico.

Período de las viajeras y exploradoras (1874-1924)

Hacia la segunda mitad del siglo XIX, varias mujeres educadas e instruidas en las mejores universidades y centros de estudio de la época realizaron viajes y exploraciones arqueológicas en diferentes partes del mundo. Estas damas se aventuraron a explorar las grandes civilizaciones del mundo, buscando desentrañar los secretos de culturas milenarias desaparecidas en el tiempo y en regiones poco conocidas hasta entonces como Cercano Oriente, Arabia y las islas del Mediterráneo. Entre ellas están Jane Dieulafoy quien exploró Persia en compañía de su esposo, Gertrude Bell quien excavó en Irak y fundó el Museo de antigüedades de aquel país, además de Harriet Boyd Hawes y Edith Hall Dohan quienes contribuyeron a la exploración arqueológica de Creta (Cohen y Joukowsky 2004; Picazo 1998). Al respecto, Cool Root (2004: 1) comenta sobre este grupo de aventureras y exploradoras:
La primera generación de mujeres pioneras de la arqueología científica emerge de las profundidades de las ideologías victorianas sobre la posición subordinada de las mujeres. Será esencial entenderlas colectivamente como mujeres en el marco restrictivo de un entorno social muy específico. Más allá de eso, cada una de estas notables mujeres era, por supuesto, un individuo distinto que debe ser entendido en última instancia en sus propios términos como un intelecto y como un ser humano.
En América, durante este primer período reconocemos las aportaciones a la arqueología maya tanto de Alice Dixon Le Plongeon como de Adela Breton (Gómez 1998). Si bien ambas exploradoras inglesas fueron contemporáneas, nunca coincidieron durante sus actividades de búsqueda e investigación en la Península de Yucatán. Un período de una década y media separa las actividades de ambas en Yucatán, aunque en el año de 1904 ambas coincidieron en Nueva York (McVicker 2005: 121).

Alice Dixon Le Plongeon

Esta viajera y exploradora aprendió de su padre a tomar fotografías, así como las técnicas de revelado antes de llegar a Yucatán junto con su esposo Augustus Le Plongeon en el verano de 1873. Desde este año y por más de una década, hasta 1885, Alice acompañó a su esposo explorando Yucatán y tomando fotografías de los importantes sitios de Uxmal y Chichén Itzá (Figura 1), describió los asentamientos prehispánicos de Aké, Mayapán, El Meco, El Rey y asentamientos del norte de Belice, realizó descripciones etnográficas de la vida cotidiana de los habitantes de la Península de Yucatán y Belice según consta en su libro Here and There in Yucatan (Le Plongeon 1887; ver también Desmond y Messenger 1988; España Paredes 2009; España Paredes y Depetris 2011). Figura 1 – Alice Dixon Le Plongeon posando durante sus exploraciones en Uxmal, circa 1873 (Le Plongeon et al. 1841; cortesía del Getty Open Content Program). Cabe destacar que Alice y Augustus Le Plongeon fueron los primeros en realizar un trabajo de investigación de larga duración en Yucatán. Durante su estancia de trece años, y en diferentes etapas, aprendieron la lengua maya, recopilaron una gran cantidad de fotografías y evidencias iconográficas de los sitios que visitaron y realizaron un registro minucioso de sus hallazgos arqueológicos y de su interacción cotidiana con los indígenas mayas de Yucatán (Careaga Viliesid 2016). Uno de los méritos de Alice Dixon Le Plongeon es haber realizado las primeras excavaciones arqueológicas en Chichén Itzá. En el año de 1875, la pareja Le Plongeon excavó la Plataforma de las Águilas y Tigres donde encontraron numerosos objetos tales como un Chac Mool reclinado sin cabeza, cuentas de concha del género Spondylus, cuentas de piedra caliza, puntas de flecha elaboradas en sílex y obsidiana, cuentas de jadeíta y piedras verdes (Grecco Pacheco y Sellen 2019; ver también Desmond y Messenger 1988; Schávelzon 1985). Una segunda excavación en Chichén Itzá por Alice Dixon Le Plongeon y su esposo fue realizada en el año de 1883 en la Plataforma de Venus. Durante esta segunda excavación, la pareja utilizó fotografías, realizaron dibujos y describieron a detalle en sus notas de campo la forma en la cual realizaron su trabajo de investigación (Desmond y Messenger 1988: 89-99). Esta fue la última intervención en campo de los esposos Le Plongeon en Chichén Itzá y Yucatán.

Adela Breton

Estudió dibujo, pintura y técnicas fotográficas en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XIX y llegó a Yucatán en el año de 1900 (McVicker 2005; Miller 1989). A partir de este año, y hasta 1907, Adela Breton se dedicó al registro detallado de pinturas murales, esculturas y objetos menores particularmente en tres sitios de Yucatán: Chichén Itzá, Acanceh y Chacmultún. Los dibujos y fotografías realizados en los primeros dos sitios aún se conservan, sin embargo, las copias de los dibujos que realizó a las pinturas de Chacmultún no se han encontrado hasta ahora (McVicker 2005: 144). Según Miller (1989: 33), un elemento muy particular que distinguió a Adela Breton del resto de sus contemporáneos fue su interés por el color. De forma rigurosa, y de la manera más exacta posible, registró la paleta polícroma de esculturas, frisos y muros pintados correspondientes a los períodos Clásico Temprano en Acanceh y Clásico Tardío–Clásico Terminal en Chichén Itzá. Por ejemplo, en el friso de la fachada norte de la Estructura 1 de Acanceh, Adela Breton (Miller 1991) registró a color las representaciones de un personaje antropomorfo, un felino, un mono araña y un mono aullador, aves y ardillas, entre otros (Miller 1989). También en Acanceh, realizó el dibujo de tres pinturas conteniendo un total de cuatro personajes de pie asociados a textos jeroglíficos y que, aparentemente, se encontraban decorando los muros interiores de la Estructura 2 ubicada al norte de la Estructura 1 (ibid.). Desafortunadamente, tanto la Estructura 2 como las pinturas asociadas a este edificio han desaparecido. En Chichén Itzá, Adela Breton (1909, 1917) registró los murales que adornan uno de los cuartos de la parte superior del Complejo de Las Monjas, y el cuarto posterior de la parte superior del Templo de los Jaguares, así como los relieves del Templo Norte del Gran Juego de Pelota. De acuerdo con Miller (1989: 37), el meticuloso registro pictográfico efectuado por Adela Breton en los muros del cuarto posterior del Templo de los Jaguares representa “the most complete and graphic depiction of Maya warfare and its aftermath since the Late Clasic murals at Bonampak, Chiapas”. Además, realizó un listado de las escenas de batalla y armas utilizadas por los involucrados en el conflicto (Breton 1909). Por sus conocimientos en dibujo y pintura, Adela Breton (1989) comentó sobre el método empleado para pintar los murales de la parte superior del Templo de los Jaguares, los distintos colores utilizados y los “diferentes tipos de raza” que logró reconocer. Sobre el método, ella identificó dos artistas. El primero fue el maestro quien pintó de manera metódica y delicada; por otro lado, el segundo artista dibujó de manera impetuosa. Los colores empleados por ambos artistas incluyen dos tipos de rojo y dos de azul, cuatro tipos de verde, amarillo, blanco, negro, morado y diferentes tonos de café de acuerdo al color de la piel de los personajes pintados. En cuanto a los “diferentes tipos de raza”, apuntó que hay una gran variedad de tipos y distinguió entre guerreros de estatura baja y cuerpo orondo y otros de figura más atlética y altos (ibid.: 57).

Período de las arqueólogas, historiadoras del arte y una viajera-exploradora (1924-1971)

En este segundo período reconocemos las aportaciones a la arqueología maya que realizaron cuatro arqueólogas entre 1924 y la década de 1960; dos historiadoras del arte entre las décadas de 1940 y 1960; una viajera-exploradora durante las décadas de 1940 y 1950; una historiadora al inicio de la década de 1960; y la primera generación de arqueólogas egresadas en 1971 de la Escuela de Antropología de la entonces Universidad de Yucatán.

Ann Axtel Morris

Educada como arqueóloga y dibujante, Ann Axtel Morris llegó a trabajar a Chichén Itzá (Yucatán) en el año de 1924. A partir de este año, y durante cinco temporadas de campo –hasta 1928–, estuvo vinculada al Proyecto Arqueológico Chichén Itzá de la Institución Carnegie de Washington dirigido por Sylvanus G. Morley (Figura 2). La vinculación con el proyecto se debió a que excavó el Templo de los Guerreros junto con su esposo Earl H. Morris y el pintor Jean Charlot (Morris A. A. 1934; Morris E. H., Charlot y Morris A. A. 1931; Weeks y Matarredona Desantes 2016: 69-77). Figura 2 – Ann Axtel Morris dibujando los motivos grabados al interior del Templo de los Guerreros en Chichén Itzá, circa 1925 (Morris E. H. 1931: 176). Resultados de su trabajo como exploradora del Templo de los Guerreros claramente se aprecian en la tercera sección del volumen I del libro Temple of the Warriors at Chichén Itza publicado en 1931 (Morris A. A. 1931: 347-484), así como en su libro titulado Digging in Yucatán donde realizó una amena descripción sobre sus trabajos y experiencias en Chichén Itzá. En el volumen I del libro Temple of the Warriors at Chichén Itza, Ann Axtel Morris contribuyó a la arqueología de esta ciudad realizando un detallado estudio de los murales del Templo de los Guerreros y su subestructura denominada Templo del Chac Mool. Como dibujante, Ann Axtel Morris puso particular atención al acabado de la superficie en la cual se pintaron distintos murales con motivos que incluyeron formas geométricas, antropomorfas y zoomorfas, así como también la amplia paleta de colores empleada en su elaboración. Un claro ejemplo de su trabajo como dibujante se aprecia en el fresco denominado “Comunidad marino costera” (Morris A. A. 1931: Lámina 159). Este mural fue pintado en una de las paredes localizadas en el cuarto posterior de la parte superior del Templo de los Guerreros. Cuando se encontró el mural, este se encontraba sobre el piso de la estructura ya que había caído y se había asentado directamente sobre la superficie del cuarto. Ann Axtel Morris (ibid.: 418-419, Lámina 159) describió los pasos que tuvo que seguir para reensamblar 58 de las 78 piedras pintadas del mural, así como las técnicas que utilizó para llenar los espacios vacíos con pintura que ella aplicó al fresco, pero sin cambiar o alterar el mensaje del mural. Reconoció que realizó una restauración “convencida de haber seguido muy de cerca el original” (ibid.: 422).

Edith Bayles Ricketson

Concluyó su Licenciatura en Arqueología y en Arte y, entre los años de 1923-1924, realizó estudios de posgrado en el Institut de paléontologie humaine de Paris (Francia). Además, durante su estancia, excavó en un sitio con ocupación Neandertal en Villebois Levalette, cerca de Bordeaux (Francia). Durante la segunda temporada de campo del Proyecto Chichén Itzá en 1925, Edith Bayles Ricketson fue contratada por Sylvanus G. Morley como su secretaria personal y de esta manera llegó a trabajar a Yucatán. Durante esta segunda temporada, Edith conoció a Oliver Ricketson, quien estaba a cargo de la excavación de El Caracol y, al poco tiempo, se convirtió en su esposo (Figura 3). Figura 3 – Miembros del equipo de investigación del Proyecto Chichén Itzá de la Institución Carnegie en 1925. De izquierda a derecha: Earl H. Morris, Ann Axtel Morris, Karl Ruppert, Sylvanus G. Morley, Edith Bayles Ricketson, Oliver Ricketson, Jean Charlot (foto cortesía de Carnegie Institution for Science and Auburn University Carnegie Explorer). En 1926, Oliver Ricketson fue nombrado Director del Proyecto Uaxactun, Guatemala, de la Institución Carnegie de Washington y, durante los siguientes seis años (hasta 1931), Edith Bayles Ricketson trabajó con él excavando en Uaxactun. La aportación de esta arqueóloga a la arqueología maya radica en el análisis, clasificación y publicación del primer estudio sistemático de la cerámica de Uaxactun. De hecho, este estudio fue la base de la cronología utilizada en el área maya desde mediados de la década de 1930 (Ricketson y Bayles Ricketson 1937). Respecto a su importante estudio cronológico, Edith Bayles Ricketson reconoció tres períodos distintos pero secuenciales, “which are associated with architectural features and, less closely, with a series of dated monuments” (Bayles Ricketson 1937: 283). Esta diferencia arquitectónica y cerámica le permitió a la arqueóloga llegar a las siguientes conclusiones: primero, la ocupación de Uaxactun ocurrió antes y después de las fechas registradas en los monumentos esculpidos; segundo, el período Arcaico de Uaxactun ocurrió antes de la mitad del octavo ciclo (8.0.0.0.0, año 41 d. C.); tercero, la cerámica hallada en el Edificio A-V es muy tardía cuando se compara con la cerámica del Grupo E.

Mary Ricketson Bullard

Historiadora de profesión, Mary Ricketson Bullard llegó en el verano de 1961 a trabajar en el sitio de Baking Pot, en la parte centro-oeste de Belice, junto con su esposo William Bullard. Durante seis semanas comprendidas entre mediados de agosto y finales de septiembre de 1961, Mary Ricketson Bullard y esposo excavaron las estructuras II-A (templo) y II-D (cancha para juego de pelota) del Grupo II de Baking Pot, un asentamiento pequeño con dos grupos arquitectónicos unidos por una calzada y con elaborada arquitectura de bóveda rodeados por estructuras menores (Bullard y Ricketson Bullard 1965: fig. 2-7; Ricketson 1929). Los trabajos de campo de la pareja complementó los estudios sobre Baking Pot iniciados por el padre de Mary –Oliver Rickteson– durante dos meses (abril-mayo) del año de 1924. Cabe indicar que Oliver Ricketson mapeó y excavó el Grupo I y solamente realizó recorridos de superficie en el Grupo II; este grupo fue estudiado por su hija y yerno en 1961. Mary Ricketson Bullard y William Bullard produjeron un registro más detallado del Grupo II y reportaron el hallazgo de siete entierros, cuatro ofrendas dedicatorias y 33 vasijas cerámicas completas. Además, una cantidad numerosa de objetos fueron encontrados en tumbas y ofrendas dedicatorias y estos incluyen: piezas excéntricas de pedernal y obsidiana, puntas de proyectil, malacates, una placa de mosaico de pirita, ornamentos de hueso, jadeíta y concha (Bullard y Ricketson Bullard 1965).

Carmen Cook de Leonard

Realizó estudios de arquitectura en Alemania y los Estados Unidos y, en la ciudad de México, estudió arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (Rodríguez Shadow 2005). En el año de 1957 concluyó su Maestría con la tesis titulada “El origen de la cerámica anaranjada delgada”. Carmen Cook de Leonard trabajó en la isla de Jaina (Campeche) en el año de 1957 donde realizó excavaciones y observaciones generales sobre la geografía de esta isla, los entierros y figurillas encontrados (Cook de Leonard 1959, 2003). Por ejemplo, sobre los entierros apuntó que fueron “colocados de manera bastante uniforme”, flexionados y con ofrendas en manos y boca (Cook de Leonard 2003: 91). En referencia a las figurillas, la investigadora distinguió que las femeninas pudieron haberse elaborado en algún punto del Estado de Veracruz, México (Cook de Leonard 1959: 47, 2003: 90-91). Un estudio sobre figurillas de Jaina que representan enanos también fue realizado por Carmen Cook de Leonard en 1971 (Cook de Leonard 1971). Los asentamientos costeros de Isla Piedras y Uaymil, ubicados al norte de Jaina, fueron investigados por Carmen Cook de Leonard (1959: 45-46, 2003: 88). Sobre Isla Piedras, la arqueóloga señaló que su cerámica no poseía las cualidades de la alfarería hallada en Jaina y Uaymil (Cook de Leonard 1959: 45, 2003: 88). En Uaymil, la investigadora pasó dos días durante los cuales efectuó un mapa-croquis del asentamiento destacando el arreglo espacial de las principales construcciones alrededor de patios o plazas cuadrangulares; realizó excavaciones –aunque no señaló el área y/o estructuras excavadas–; registró el Capitel 1 con textos jeroglíficos; reportó el hallazgo de siete entierros y la recolección de numerosos tiestos cerámicos hallados en la superficie de Uaymil (Cook de Leonard 1959: 46, 2003: 89; ver también Mayer 1984: 1198-1199, fig. 2-3).

Amalia Cardós Fajardo

Oriunda de Tixcocob, Yucatán, estudió arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia desde 1946 hasta 1949 y, en 1958, concluyó con su tesis de Maestría titulada “El comercio entre los antiguos mayas” (Barrera Rubio 2015: 69). La tesis de la arqueóloga Cardós Fajardo fue publicada en 1978 por el Fondo Editorial de Yucatán en formato de cuaderno para hacerlo accesible a todo tipo de lectores (Cardós Fajardo 1978). Amalia Cardós Fajardo realizó investigaciones arqueológicas en Kabah y Chichén Itzá durante los años de 1947 y 1951 respectivamente. Una vez concluida su participación en los proyectos de campo, trabajó como arqueóloga adscrita a la Oficina de Monumentos Prehispánicos en Mérida, Yucatán y, a partir de 1961, como jefa de la bodega de arqueología del Museo Nacional de Antropología y posteriormente como curadora de la colección maya de dicho museo (Rodríguez Shadow 2005).

Tatiana Proskouriakoff

Graduada como Licenciada en Arquitectura en Estados Unidos, Tatiana Proskouriakoff inició en el año de 1936 en el sitio de Piedras Negras (Guatemala), una carrera fructífera en la arqueología maya que concluyó en 1985 cuando falleció (Proskouriakoff 1954; ver también Graham 1990). Los intereses de investigación a los que se dedicó incluyeron el estudio de la arquitectura, análisis de artefactos, estudio de la escultura y análisis de la escritura maya (Figura 4). Figura 4 – Tatiana Proskouriakoff (Chase A. F., Chase D. Z. y Cobos 2008: 6; imagen cortesía de A. Ciudad Ruiz). En el año de 1946, Tatiana Proskouriakoff publicó su trabajo de reconstrucción arquitectónica de edificios en once asentamientos mayas ubicados en la Península de Yucatán (Xpuhil, Sayil, Kabah, Labná, Uxmal, Chichén Itzá), Guatemala (Piedras Negras, Uaxactún, Tikal), Chiapas (Palenque) y Honduras (Copán) (Proskouriakoff 1946). A este estudio le siguió el análisis que realizó de las estructuras cívicas y religiosas de Mayapán como resultado de su participación en el Proyecto Arqueológico Mayapán de la Institución Carnegie de Washington durante la década de 1950 (Proskouriakoff 1962b). En el año de 1950, Tatiana Proskouriakoff (1950) publicó sus resultados del estudio que realizó sobre esculturas fechadas principalmente para el período Clásico (300 d. C.-1100 d. C.). Para este estudio, ella tomó en cuenta las esculturas representadas en estelas, altares, dinteles, jambas, paneles y columnas. De hecho, el objetivo de su estudio fue examinar el estilo de la escultura tratando de notar cambios a través del tiempo y así distinguir “typical Classic forms depicted on stelae” (ibid.: 2). Otras aportaciones de Tatiana Proskouriakoff a la arqueología maya radican en sus estudios de los artefactos de Mayapán y las piezas de jade recobradas del Cenote Sagrado de Chichén Itzá. Respecto a los primeros, ella analizó piezas elaboradas en una gran variedad de materiales que incluyen caliza, pedernal, obsidiana, hueso, concha y metal y que fueron halladas durante los trabajos de investigación en Mayapán (Proskouriakoff 1962a: 321-442). En relación a las piezas de jade halladas en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Proskouriakoff (1974) realizó un catálogo de estos objetos que fueron recobrados por Edward Thompson durante sus trabajos en dicho cuerpo de agua. Las piezas forman parte de la colección de objetos del Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard e incluyen una gran variedad de cuentas, placas, orejeras, colgantes antropomorfos y zoomorfos, entre otros. En cuanto a la escritura jeroglífica maya del periodo Clásico, destacan sus estudios sobre textos inscritos en monumentos de Piedras Negras, Yaxhilán y Chichén Itzá (Proskouriakoff 1960, 1963, 1964, 1970). Cabe destacar que la gran aportación de Tatiana Proskouriakoff al estudio de la escritura jeroglífica fue haber notado que los eventos inscritos en los monumentos esculpidos de Piedras Negras se asociaban con personajes y en períodos de 20 años, o katunes. Su aportación, junto con la de su compatriota ruso Yuri Knorozov (jeroglíficos y su valor fonético) y colega Henrich Berlin (glifos emblemas asociados a sitios), sentaron las bases, a principios de la década de 1960, de los estudios sobre el desciframiento de la escritura maya. No obstante, todos estos logros bien pudieran no haberse concretado si el destino de Tatiana Proskouriakkoff no hubiera dependido del hecho de ser mujer. De acuerdo con Pezzati (2001), antes de comenzar a colaborar en las excavaciones de Piedras Negras de 1936, Tatiana solicitó unirse a una expedición arqueológica del Museo de la Universidad de Pennsylvania a llevarse a cabo en Persia. Entre los treinta candidatos que aplicaron al puesto de arquitecto del proyecto ella era la única mujer. Aunque se reconoció que estaba calificada para dicho puesto, la disposición de realizar una expedición conformada exclusivamente por hombres la privó de participar en ella. Esta fue una circunstancia y un hecho afortunado para la arqueología mayista.

Merle Greene Robertson

Graduada con una Maestría en Arte de la Universidad de California y otra Maestría por la Universidad de Guanajuato en el año de 1964, Merle Greene Robertson contribuyó a la arqueología maya con un vasto registro de monumentos esculpidos. La llegada de Merle al mundo maya inició en el año de 1961 cuando fue a trabajar al Proyecto Tikal de la Universidad de Pennsylvania durante tres veranos (Robertson 2006: 13). En Tikal, se dedicó al registro de la arquitectura, dibujó acuarelas –especialmente de la Acrópolis Norte– y realizó el dibujo de la escultura localizada en la parte superior del Palacio Maler de la Acrópolis Central (ibid.: 46-48; Figura 5). Figura 5 – La característica sonrisa de Merle Greene Robertson (Chase A. F., Chase D. Z. y Cobos 2008: 6; imagen cortesía de A. Ciudad Ruiz). A partir de su participación en el Proyecto Tikal, se interesó por el registro de monumentos esculpidos efectuando calcas de los mismos. Dos fueron las técnicas de registro que empleó para calcar en distintos papeles las superficies de los monumentos. La primera consistió en utilizar un tipo de tinta japonesa en varas delgadas de madera sobre la superficie cubierta por el papel. En la segunda técnica, empleó una combinación de pintura de aceite Windsor Newton de tintas negra y siena quemado (Robertson 2006: 49). Las dos técnicas desarrolladas por Merle Greene Robertson le permitieron realizar más de 4000 calcas que hoy día se pueden ver y consultar en los archivos de Precolumbian Art Research Institute (PARI) [1]http://www.mesoweb.com/publications/Rubbings/Rubbings_Favorites.pdf, consultado del 15 de diciembre de 2020.. A lo largo de casi 40 años –entre las décadas de 1960 y 1990–, realizó un detallado registro de monumentos en sitios ubicados, por ejemplo, en Chiapas (Palenque, Yaxchilán, Izapa), Guatemala (Tikal, Piedras Negras, Ceibal, Quiriguá, Kaminaljuyú, Tak’alik Ab’aj), Honduras (Copán), Belice (Caracol), Península de Yucatán (Chichén Itzá, El Palmar y Calakmul) (ver Robertson 2006; Robertson y Andrews 1992; Robertson, Macri y Vieira 1993; Robertson, Rands y Graha 1972). De manera particular destacan los cuatro tomos de calcas que dedicó a Palenque (Robertson 1983, 1985a, 1985b, 1991). Los detallados registros de las calcas realizados por Merle Greene Robertson en Palenque condujeron a un evento académico que organizó durante 20 años, las Mesas Redondas de Palenque. Merle, junto con Linda Schele, David Joralemon, Gillet Griffin, planearon en el verano de 1973 la realización de una reunión académica enfocada al arte, historia, iconografía, cronología, escritura jeroglífica, primeros exploradores, sacrificio y comercio de esa ciudad prehispánica (Robertson 2006: 126). Entre el 14 y 22 de diciembre de 1973 se llevó a cabo la Primera Mesa Redonda de Palenque cuya sede fue Na Chan-Bahlum, la casa de Merle en Palenque, cuyas ventanas fueron cubiertas con telas negras para así lograr un ambiente de “auditorio” y poder presentar las transparencias que los participantes miraron mientras estaban sentados en camas, sillas y el piso de la casa de Merle Greene (Robertson 2006: 126). A la Primera Mesa Redonda siguieron siete más y la última tuvo lugar en el año de 1993. Merle Greene fue siempre la organizadora principal de este evento académico y Editora General de cada uno de los ocho volúmenes que aparecieron al poco tiempo de haberse celebrado cada una de las mesas (Robertson 2006: 126-136).

Gertrude Duby Blom

Esta viajera y exploradora suiza participó por primera vez en una expedición arqueológica en el área maya en enero de 1944, cuando junto con Frans Ferdinand Blom realizaron un breve reconocimiento de Yaxchilán (Núñez 2015). De acuerdo a Gertrude Duby Blom (1983: 66), cuando llegaron a Yaxchilán encontraron templos, dinteles y estelas cubiertos por la maleza. Un reconocimiento de la Selva Lacandona de Chiapas se realizó entre mayo y noviembre de 1948. Este reconocimiento produjo un mapa más detallado de la Selva Lacandona, así como la ubicación de numerosos sitios arqueológicos en ella. Gertrude Duby Blom (1983: 67) señaló que “de esta expedición salieron los dos tomos de La Selva Lacandona” (ver Blom y Duby Blom 1957). La participación de Gertrude Duby Blom en otras dos expediciones ocurrió en los años de 1950 (cinco meses) y 1951 (cuatro meses) y fueron financiadas por la Fundación Wenner Gren de Suecia (Núñez 2015). Con referencia a la expedición de 1950, la señora Duby Blom ayudó en la realización de “un relato fotográfico, tanto en vistas fijas como en cine a colores del viaje, del lago [Miramar] y de los hallazgos arqueológicos” (Blom y Duby Blom 1957: 218). Un dato importante sobre Gertrude Duby Blom y su contribución a la conservación de la cultura material en la Selva Lacandona se asocia con la Estela 11 de Yaxchilán que fue hallada in situ en la Estructura 40 (García Moll 2003: 225). En 1964, la estela se trasladó río arriba por canoa hasta Agua Azul, sin embargo, “el transporte aéreo no tuvo la capacidad que se requería para sacarla” y llevarla al Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México (ibid.: 225). La estela fue abandonada en la orilla del río Usumacinta en Agua Azul y, en 1969, “Gertrude Duby, con pocos recursos y muchos riesgos, hizo volver el monumento a Yaxchilán; desde entonces quedó en la orilla del río, cerca del edificio 5” (ibid.).

Arqueólogas formadas en la Escuela de Ciencias Antropológicas (1971-presente)

En el año de 1971 Beatriz Repetto Tió, Leticia Domínguez Escalante, Piedad Peniche Rivero, Lourdes Martínez Guzmán, Dorotea Andrews Zapata, Obdulia Cervantes de Solís y Josefina Espejo Peraza formaron parte de la primera generación de estudiantes de la Licenciatura en Arqueología. En esta primera generación de profesionales hubo más mujeres (7) que hombres (Salvador Rodríguez Losa y Jaime Alonzo) en el programa educativo de la entonces Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Yucatán (Figura 6). Figura 6 – Primera generación de egresados en arqueología de la Universidad de Yucatán, febrero de 1971. Primer plano (izquierda a derecha): Humberto Rodríguez Rojas, Dr. Román Piña Chán, Dr. Alfredo Barrera Vásquez; segundo plano (izquierda a derecha): Leticia Domínguez Escalante, Piedad Peniche Rivero, Lourdes Martínez Guzmán, Dorotea Andrews Zapata; tercer plano (izquierda a derecha): Beatriz Repetto Tió, Salvador Rodríguez Losa, Jaime Alonzo Fernández (fotografía tomada en el Palacio Cantón de Mérida, Yucatán; no aparecen ni Obdulia Cervantes ni Josefina Espejo. Fotografía cortesía de Beatriz Repetto Tió). De los nueve estudiantes de la primera generación de arqueólogas y arqueólogos, solamente Piedad Peniche Rivero, Lourdes Martínez Guzmán y Beatriz Repetto Tió concluyeron con sus tesis de Licenciatura. Piedad Peniche Rivero (1973) escribió su tesis sobre la cerámica, enterramientos y artefactos de Comalcalco (Tabasco). Lourdes Martínez Guzmán (1973) también utilizó datos de Comalcalco para escribir sobre el poblamiento, arquitectura y ornamentación del sitio. Beatriz Repetto Tió, por su parte, concluyó su tesis de Licenciatura en 1979 relacionada con el desarrollo militar de los mayas del período Posclásico (Figura 7). Esta tesis fue publicada años más tarde por la Secretaría de la Defensa Nacional y, hoy día, contribuye a nuestro entendimiento de la forma en la cual se realizaba la guerra en las tierras bajas mayas (Repetto Tió 1979, 1985, 1993). Figura 7 – Portada de la tesis de la arqueóloga Beatriz Repetto (Escuela de Ciencias Antropológicas, Universidad de Yucatán). La querida maestra Bety, como le conocemos sus alumnos, formó generaciones de brillantes arqueólogas y arqueólogos que han dedicado sus esfuerzos al estudio, la investigación, la conservación y la divulgación de los vestigios arqueológicos de la península yucateca. Con más de 30 años de labor docente en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY y como investigadora en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Beatríz Repetto ha mantenido vivo el espíritu indomable de aquellas viajeras, exploradoras y profesionales estudiosas de la cultura maya. Además de haber sido inspiración para muchas de las mujeres que ahora desempeñan con entusiasmo esta labor y de aquellas que anhelan seguir los pasos de Adela, Alice, Merle, Amalia y Tatiana.

A manera de reflexiones finales

Nuestro brevísimo recuento sobre las mujeres pioneras de la arqueología, de la exploración y la documentación artística y científica de la época prehispánica de Yucatán, considera dos grandes momentos que abarcan los finales del siglo XIX hasta mediados de la década de 1920, el segundo desde esta década hasta los inicios de la década de 1970. El primero de los períodos es cuando las pioneras exploradoras arriban a estas tierras con un interés de viaje, de explorar mundos fantásticos. Estas mujeres contaban con capacidades artísticas muy desarrolladas, un legítimo interés humanista y conocimiento técnico, como por ejemplo la fotografía y la arquitectura, que les permitió para hacer registros minuciosos de muchas cosas que ahora ya no existen. El segundo momento es el de las arqueólogas profesionales, que viajan a la península para trabajar en proyectos de investigación serios, se trata de algunas mujeres que laboraron en museos o instituciones académicas estadounidenses, que contaban con una capacidad mucho más desarrollada para registrar la gran cantidad de información que estaba surgiendo de las investigaciones arqueológicas en el área maya. Aportaciones fundamentales como las de Tatiana Proskouriakoff permitieron el desarrollo del desciframiento de la escritura maya o las aportaciones de Edith Bayles Ricketson que fundamentaron los primeros estudios sistemáticos de la cerámica maya. Finalmente, y después de años de exploraciones e investigaciones de valiosas mujeres en el área maya, surgen las primeras arqueólogas locales, quienes se formarían en la recién creada Escuela de Antropología de la Universidad de Yucatán. Sobre su espalda cargarían la responsabilidad de transmitir a las siguientes generaciones su interés por estudiar a la extraordinaria cultura maya. Como arqueólogas, arquitectas, ceramistas y epigrafistas, inmersas en una profesión plagada de hombres, estas damas estudiaron de manera profesional los vestigios de una añeja cultura y establecieron las bases para comprender su importancia en la historia de la humanidad. Sirva entonces este breve homenaje para reconocer la trayectoria de aquellas que, con un interés de exploración, con afanes humanísticos y de conocimiento científico sentaron las bases de lo que hoy es la llamada arqueología maya.  

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Notes

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