Gilda López Noyola1Manuel de Jesús Dueñas García2,

Ana María Pelz Marín3Miguel A. Nicolás Caretta4

El Colegio de Michoacán

Universidad de California, Merced

Instituto Nacional de Antropología e Historia, Aguascalientes

Museo de Bornholm, Dinamarca

Investigaciones recientes han demostrado que la región de Aguascalientes fue partícipe de una dinámica cultural que se desarrolló en la cuenca del Río Verde Grande; dinámica que se ve reflejada en la cerámica diagnóstica recuperada a través de investigaciones arqueológicas en los sitios Cerro de Santiago, El Ocote, La Montesita y Cerro de En medio. Los materiales cerámicos que provienen de recorridos y excavaciones corresponden al Clásico tardío o Epiclásico, comprendido entre el 600 al 900 CE. Durante este lapso temporal, la cerámica muestra una estrecha filiación con el sur de Zacatecas, el centro y norte de Jalisco, el Bajío y la zona centro del Altiplano Potosino. Esta investigación busca correlacionar el panorama regional con los resultados de los análisis de materiales cerámicos procedentes de contextos in situ. Finalmente, para observar la dinámica sociocultural desde una perspectiva comparativa y como un conjunto nos apoyamos en conceptos como esferas de interacción.

Palabras clave: Occidente de México, cerámica, Epiclásico, Mesoamérica, esferas de interacción.

Agradecimentos

El estudio de la región arqueológica de Aguascalientes sigue avanzando y generando nuevos resultados, lo que permite la creación de distintas líneas de investigación y conocimiento, esto a partir de proyectos arqueológicos avalados por el INAH y organismos académicos, cuyos datos han servido para la elaboración de nuestras propuestas, por lo que extendemos un sincero agradecimiento a las personas y las instituciones que hicieron posible la realización de este artículo. Al Centro INAH Aguascalientes por el acceso a los datos, informes y fotografías de su colección arqueológica, al igual que la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Así como también un agradecimiento al Dr. Peter F. Jiménez Betts por leer y aportar sus comentarios al documento. De igual manera, queremos agradecer al arqueólogo Antonio Sánchez por la lectura y a la arqueóloga Miriam Campos por su ayuda en la edición de varias imágenes aquí presentadas.

Para la arqueología del Occidente y Noroccidente de Mesoamérica el término Epiclásico constituye el periodo de tiempo comprendido entre la caída de Teotihuacán y el surgimiento de Tula como núcleo dentro del sistema mundo mesoamericano (Jiménez Moreno 1966; Jiménez Betts 2020), pero también comprende una etapa de apogeo en las distintas poblaciones de la Frontera Norte mesoamericana (Figura 1). Figura 1 – Mapa de ubicación de sitios arqueológicos de Aguascalientes (rojo) y los más importantes de la frontera norte de Mesoamérica durante el Epiclásico (M. J. Dueñas García) Este periodo es la etapa mejor comprendida en la frontera norte, dada la intensa investigación arqueológica que se ha hecho en los grandes centros ceremoniales, mismos que entre el 550 y 600 CE fueron edificados y que entre el 700-800 CE viven su absoluto apogeo (Hers 1989, 1995; Kelley 1990; Trombold 1990; Nelson et al. 1997; Jiménez Betts 1998; Jiménez Betts y Darling 2000; Braniff Cornejo 2001), expresado en la intensificación y ampliación de campos agrícolas, la proliferación de productos suntuarios y la actividad constructiva en dichos centros ceremoniales, lo que permite proponer la existencia de elites locales con una intensa interacción interregional manifestada por la dispersión extendida de materiales suntuarios como el pseudo-cloisonné, las figurillas del Tipo I y algunos elementos arquitectónicos como el patio cerrado con altar central (Jiménez Betts y Darling 2000; Lelgemann 2000; Jiménez Betts 2006; Solar Valverde 2021). Durante este periodo nuevos tipos cerámicos entran en uso (Jiménez Betts y Darling 2000; Jiménez Betts 2020), y son notables los cambios en la cerámica de regiones como Chalchihuites, San Luis Potosí, el Cañón de Juchipila y Altos de Jalisco. Por ejemplo, en sitios como Alta Vista (600-850 CE) se encontraron cerámicas del tipo Michilia Negro inciso, esgrafiado y relleno de pigmento rojo que incluyen diseños geométricos antropomorfos y zoomorfos, así como elementos pseudo-glíficos en el reborde y alrededor del exterior de la vasija; otro ejemplo es el tipo cerámico Súchil Rojo sobre Café en donde, de la misma manera, están plasmados los mismos tipos de diseños (Jiménez Betts 2006; Kelley y Abbott 1987). Para la región central del Altiplano Potosino, se han identificado cerámicas que corresponden a los asentamientos sedentarios asociados desde el periodo Clásico Temprano (200-650 CE) que se caracterizan por el uso de la combinación cromática rojo, bayo, rojo sobre bayo y blanco sobre rojo (Braniff Cornejo 1992). Es durante la fase siguiente, fechada entre 650 y 900 CE y denominada por Beatriz Braniff Cornejo como fase San Luis, cuando se tiene registro de la ocupación de plataformas y arquitectura construida a base de tierra, así como un centro ceremonial-pirámide. La cerámica característica de esta fase es policroma con diseños geométricos y lineales en negro sobre el fondo rojo naranja y el color natural de ollas y cajetes. Esta fase corresponde cronológicamente a los tiempos en que se intensifican las redes de intercambio de materiales y materias primas en la región septentrional mesoamericana. Durante esta etapa también se detectan cerámicas intrusivas muy semejantes a las de la región Huasteca, como los tipos San Diego naranja fino y Zaquíl Negro (Braniff Cornejo 1992; Crespo Oviedo 1976) provenientes de la región de Río Verde conocida como la zona media de San Luis Potosí (Braniff Cornejo 2001). Finalmente, en la región de los Cañones, Juchipila, Tlaltenango y Bolaños se desarrollaron varios atributos cerámicos que pueden considerarse diagnósticos de esa etapa: “estos se distribuyeron y cayeron en desuso a ritmos diferentes, lo que significa un ligero desfase en los tiempos de vida de unos y otros. Si tomamos la secuencia cronológica del centro de México, que es la adoptada más ampliamente, algunos de los rasgos que mostraremos aquí aparecieron desde el Clásico (c 450 CE), mientras otros se mantuvieron hasta el principio del Posclásico (950 CE). Pero parece existir un lapso de aproximadamente tres siglos durante los cuales estos rasgos integran un conjunto distintivo (c 550/600-850/900 CE). Este es el lapso al que nos referimos aquí al hablar del ‘Epiclásico’, y a aquel conjunto integrado de rasgos, no los rasgos por sí mismos o aislados, sino el –contenido diagnóstico– que permite esbozar una esfera cerámica Epiclásica en esta porción del Noroccidente mesoamericano (Willey, Culbert y Adams 1967)” (Solar Varverde y Padilla Gonzáles 2013: 189). Una esfera cerámica existe cuando dos o más complejos comparten la mayoría de sus tipos más comunes. Entiéndase como complejo cerámico, el conjunto de materiales diagnósticos presentes en el mismo contexto arqueológico, que implican relación contemporánea, en nuestro caso por lo menos en un sitio arqueológico, que permiten compararlo con los demás sitios de la región. A la fecha, la cerámica de Aguascalientes ha sido mencionada de manera parcial en publicaciones, manejada e ilustrada en un bajo porcentaje. La mayoría de los trabajos se basan en materiales obtenidos de prospección arqueológica correspondiente a salvamentos (proyectos carreteros, introducción de líneas eléctricas, gasoductos, vías de comunicación, trabajos de atención a denuncias y recorridos de superficie [Porcayo 2001]). En menor proporción, existen trabajos que buscan identificar sitios con pintura rupestre, petroglifos y campamentos estacionales de grupos nómadas, y otros que identificaron en pozos de saqueo material cerámico (Valencia Cruz 1993). Desafortunadamente, en estos trabajos sólo se hace una ligera mención del método de análisis y no es sencillo incorporar esos materiales a un análisis más amplio. No fue hasta el año 2000, cuando las investigaciones se hicieron más formales, con metodologías mejor definidas, que logramos establecer una base comparativa. El primer trabajo arqueológico constante y que definiría muchos de los procedimientos de análisis de los subsecuentes proyectos arqueológicos sería el proyecto El Ocote (Pelz Marín y Jiménez Meza 2007) por parte del Centro INAH Aguascalientes. Posteriormente se consolidarían proyectos en la Universidad de San Luis Potosí que en coordinación con el Centro INAH Aguascalientes realizaron recorridos y excavaciones en sitios arqueológicos por varias temporadas, generando el material aquí presentado (Nicolás Caretta 2006; Dueñas García [ed.] 2013; Pelz Marín, Schulze y Pérez Roldán 2013). Estos proyectos aplican el concepto “esfera cerámica” en los mismos términos que Willey, Culbert y Adams (1967: 306-307), definido para enfatizar un alto grado de similitud en el contenido de los complejos cerámicos.

Arqueología en Aguascalientes

El territorio que hoy comprende la entidad federativa mexicana de Aguascalientes no nos es útil para el análisis regional cerámico, pues la lógica de sus fronteras atiende a fenómenos sociopolíticos más recientes del México independiente y de la manera en que el INAH organiza a sus centros de investigación fuera de la capital. El presente artículo retoma la propuesta de que los ríos y sus cuencas son una mejor manera de entender las dinámicas culturales, pues estos son corredores de comunicación naturales (Pérez Cortés 2007, 2013; Puch Ku 2014; Dueñas García 2017; Macías Quintero 2017; Jiménez Betts 2018; Solar Valverde 2021). Es entonces que este artículo se enfoca en la cuenca del Río Verde Grande (Figura 2), y muestra los resultados de los análisis cerámicos de material recuperado en distintos proyectos de investigación. A continuación, presentamos las operaciones arqueológicas llevadas a cabo por cada proyecto, con el fin de comprender mejor los contextos arqueológicos de donde provienen los materiales cerámicos analizados. Figura 2 – Mapa de las cuencas que ocupan el territorio de Aguascalientes, el Río Juchipila, y el Río Verde Grande. En rojo, los sitios presentados en este artículo (M. J. Dueñas García)

Investigaciones arqueológicas en El Ocote

El Ocote se localiza al suroeste del estado de Aguascalientes sobre la cima y las laderas del cerro de Los Tecuanes (Figura 3), ubicado al noreste de la Sierra de Laurel (Pelz Marín 2005; Pelz Marín y Jiménez Meza 2011). Figura 3 – Plano del sitio arqueológico El Ocote, y la ubicación de las excavaciones (M. J. Dueñas García) Desde el año 2001 hasta la fecha, los arqueólogos del Centro INAH Aguascalientes, Ana M. Pelz Marín y Jorge L. Jiménez Meza, han llevado a cabo diversas temporadas de excavación y restauración en el sitio, por lo que actualmente representa el único proyecto de la entidad en el que se han realizado actividades continuas de excavación y, por ende, en donde el proceso de investigación ha sido más extenso. El asentamiento está compuesto por un centro ceremonial que consiste en una plataforma, orientada norte-sur y delimitada por dos estructuras hacía el oriente y el poniente, respectivamente. En la ladera sur, se identificó una escalinata de 16 peldaños que conecta la cima. Al pie del cerro y en dirección sur desde el centro ceremonial se encuentra la zona habitacional (Figura 4), donde se registraron 11 entierros humanos en asociación con cerámica, lítica tallada, lítica pulida y obsidiana, así como concha proveniente del pacífico y el golfo. De la misma forma se registraron artefactos de piedra verde y hueso manufacturado asociado a restos de semillas y carbón que permitieron su fechamiento por radiocarbono (Laboratorio de Fechamiento INAH y Laboratorios Beta-analítica[1]; Pelz Marín y Jiménez Meza 2011) datado para 600-900 CE. Figura 4 – Plano de las excavaciones y ubicación de entierros en la zona habitacional del Ocote (A. Pelz Marín, M. Campos y M. J. Dueñas García) Las excavaciones en esta zona se realizaron por niveles estratigráficos en donde se delimitaron huellas de cimientos, estructuras y apisonados de tierra. La materia prima que se utilizó para cimentación fue la ignimbrita local. Así mismo, se registraron restos de adobe y bajareque con el que estuvieron recubiertas las paredes de las estructuras. Entre los hallazgos más importantes en esta área domestica se encuentra un horno, cuyo fechamiento arqueomagnético arrojo un rango entre 916-1088 CE (Cejudo et al. 2019). Además de este elemento, se han fechado los materiales cerámicos encontrados en estas áreas coincidiendo en que la ocupación del sitio comenzó no más temprano que 500 CE y no duro más allá del 1100 CE (García Ruiz et al. 2020).

Investigaciones arqueológicas en Cerro de Santiago

Este sitio se localiza a 2 km de la comunidad de Santiago, municipio de Pabellón de Arteaga, ubicado en el centro norte del estado de Aguascalientes y asociado a la corriente fluvial del Río Verde Grande (Nicolás Caretta y Pérez 2004; Puch Ku 2014; Nicolás Caretta y Dueñas García 2019). A partir del año 2003, el arqueólogo Nicolás Caretta en conjunto con el centro INAH Aguascalientes ha identificado concentraciones de material arqueológico e indicios de un asentamiento, por lo que se optó por realizar una delimitación parcial del sitio que incluyó las cimas y barrancas del Cerro de Santiago. Como parte de la metodología de investigación, el sitio está dividido en tres sectores principales, A, B y C (Figura 5), siendo el Sector A el que se localiza en la cima de la barranca y se considera la zona con mayor concentración de estructuras y elementos arquitectónicos. Por su parte, el Sector B se considera un área habitacional ubicada en la parte central y las laderas del cerro. El Sector C es un conjunto habitacional aislado que se localiza al este de los conjuntos principales (Puch ku 2014). Figura 5 – Plano del sitio de Santiago y la ubicación de sus excavaciones (M. J. Dueñas García) En el sitio se identificaron estructuras, plataformas, patios, terrazas y un juego de pelota ubicado en la Zona A. Las excavaciones se han llevado a cabo en un par de espacios habitacionales, sobre la Estructura 152 (Figura 6) y en el Patio #1. El material cerámico es diverso, cerámica con decoración café, rojo, rojo sobre bayo, y se cuenta además con otros materiales como obsidiana gris veteada, raspadores de sílex y diversos artefactos de molienda (Nicolás Caretta 2006). Figura 6 – Plano, dibujo y fotografía de excavaciones en Santiago (Archivo proyecto arqueológico de Santiago)

Investigaciones arqueológicas en La Montesita

Ubicado en la porción este del estado de Aguascalientes, muy cercano a la región de los Altos en Jalisco, el sitio La Montesita se localiza sobre la cima y las laderas del cerro que lleva el mismo nombre (Figura 7). Figura 7 – Plano del sitio arqueológico de La Montesita (M. J. Dueñas García) Las primeras investigaciones formales comenzaron en 2011 por parte de los arqueólogos del centro INAH Aguascalientes, quienes reportaron la presencia de material lítico y cerámico asociado a una gran cantidad de pozos de saqueo en la zona. En el mismo año se comenzó con la planeación para realizar trabajos de salvamento, por parte del mismo centro, en colaboración con la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y los gobiernos municipales de El Llano y Asientos (Schulze y Pérez Roldán 2013). A partir de entonces se comenzó con la descripción formal del asentamiento, el cual está conformado por cinco sectores nombrados alfabéticamente como A ubicado al noreste del cerro, el B ubicado en la cima del cerro de La Montesita (ver Figura 7), C ubicado al suroeste del asentamiento, D que abarca las laderas noroeste y la zona baja del cerro y por último el sector E, ubicado al sureste en la cima del Cerro de La Mesa. En total se registraron 59 elementos arquitectónicos y 14 conjuntos distribuidos en la cima y laderas del cerro, así como en el valle. Además de esto, el sitio tiene tres paneles con representación gráfica rupestre en las laderas norte y noroeste del cerro de La Montesita (Valencia Cruz 1993; Schulze y Pérez Roldán 2013; Rodríguez 2017). Las excavaciones en el sitio se realizaron en el Sector A, en donde se recuperaron tres entierros, dos de infantes y uno de un individuo adulto; en el Sector B (Figura 8) y el Sector C, se identificaron elementos arquitectónicos como muros, hoyos de poste así como una superficie de ocupación consistente en un apisonado de tierra; además, al centro o cerca del acceso o la entrada, se han registrado una serie de elementos denominados como “cistas”, que en la mayoría de los casos, estaban compuestas por cuatro lajas empotradas y otra que probablemente cumplía la función de tapar (Schulze y Pérez Roldán 2013; Martínez Cadena 2016; Campos 2017; Rodríguez 2017). Figura 8 – Plano y fotografía de las excavaciones en el sitio La Montesita (M. Campos)

Investigaciones arqueológicas en Cerro de En medio

El sitio arqueológico Cerro de En medio (CDEM) se ubica en la cima y laderas del cerro que lleva el mismo nombre a 3,6 km del municipio de San José de Gracia en la zona norte del estado de Aguascalientes (Dueñas García [ed.] 2015 ; Figura 9). Figura 9 – Plano del sitio Cerro de En medio con la ubicación de las excavaciones en rojo (M. J. Dueñas García) Los trabajos arqueológicos en el sitio comenzaron a partir del año 2012, por parte de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y el Centro INAH Aguascalientes; las actividades consistieron en recorridos de superficie y excavación, con lo que se logró identificar 215 estructuras, algunas dispuestas en un total de 13 patios distribuidos en toda la parte alta del cerro (Dueñas García 2017). La mayor parte de las estructuras consisten en cuartos rectangulares, cuadrangulares y algunas estructuras con forma circular. Las excavaciones realizadas en el Patio #2 y el Patio #9 (Figura 10) muestran como resultado el uso de materia prima local para la edificación de los cimientos de las estructuras, es decir, los muros están cimentados con roca ignimbrita que se encuentra sobre la misma cima. De igual forma se han identificado apisonados de tierra como superficie de ocupación, así como material lítico y cerámico de tipo pseudo-cloisonné y bordes evertidos como parte del apisonado y los muros de las estructuras. Asociado a esto, también se han registrado otro tipo de elementos arquitectónicos, como es el caso de fogones, muros y cistas en el interior de los cuartos (Dueñas García [ed.] 2015). Figura 10 – Planos de excavaciones en el Cerro de En medio. En azul los espacios excavados extensivamente (M. J. Dueñas García) En general, estos contextos comparten la característica de no haber identificado fases de ocupación anteriores a las encontradas en superficie. Esto sugiere la posibilidad de que estos sitios hayan sido ocupados por primera vez durante el Epiclásico y luego abandonados al final de este período. A través de las investigaciones, se han recuperado alrededor de 20,837 fragmentos cerámicos (ver Tablas 1 y 2). Aunque el análisis de los materiales aún está en curso, los materiales que hemos tratado hasta ahora nos permiten abordar el tema de las interacciones regionales.
Sito Cantidad de tiestos cerámicos p/sito
El Ocote 60 000
Cerro de Santiago 4475
La Montesita 7952
Cerro de en Medio 2410
Tabla 1 – Numero de materiales cerámicos recuperados durante los trabajos de prospección y excavación de cada sitio
Cantidad de tipos cerámicos en aguascalientes
Forma o tipo cerámico El Ocote Cerro de Santiago La Montesita Cerro de En medio Total
Blanco levantado 13 11 0 0 24
Base anular (punzonado e inciso) 240 2 67 3 312
Borde revertido 135 62 108 23 328
Cajete base anular con negativo 50 0 101 0 151
Electra polícromo 22 2 0 0 24
Figurilla Cerro de García 7 0 0 0 7
Figurilla Tipo I 13 1 1 0 15
Figurilla Rio Verde 4 1 0 0 5
Impresión 2 0 0 5 7
Incisión y esgrafiado 187 5 17 8 217
Pseudocloisonné 100 23 3 1 127
Tablillas 60 0 0 1 60
Valle San Luis 10 26 70 0 106
Tabla 2 – Numero de materiales cerámicos diagnósticos utilizados en este texto

Cerámicas diagnósticas del Norte de Mesoamérica durante el Epiclásico (600-900 CE)

Pseudo-cloisonné

Este tipo cerámico se distribuye por la región noroccidental de Mesoamérica a partir de principios del periodo Clásico (200-400 CE) así como el Epiclásico y es considerada como un rasgo distintivo de la esfera de interacción cultural entre los grupos norteños de la región septentrional mesoamericana reportada en el Cañón de Bolaños, Juchipila y el área de Alta Visa, Chalchihuites en Zacatecas (Cabrero G. 2012; Jiménez Betts y Darling 2000; Jiménez Betts 2020; Kelley 1974). La técnica como tal, conlleva un alto grado de especialización y manejo de la alfarería, lo cual permite su asociación a un uso ritual, como ejemplo, Holien (1977) relaciona las vasijas decoradas al pseudo-cloisonné con el consumo de pulque como parte del culto al dios Tezcatlipoca y lo define como el complejo “Copa-olla” (Holien 1977; Jiménez Betts 1989; Pérez Cortés 2007). De igual manera, la cerámica pseudo-cloisonné se relaciona con otros tipos diagnósticos de la esfera septentrional, como los cajetes al negativo de base anular y figurillas Tipo I (Williams 1974; Jiménez Betts 1989, 2010, 2020; Solar Valverde y Padilla 2013). En la región de Chalchihuites, su presencia se ha reportado en sitios de la rama Súchil asociados a la fase Canutillo del periodo Clásico Temprano (Kelley y Abbott 1971; Pérez Cortés 2007). Así mismo, hacía el Valle de Malpaso se encontró cerámica pseudo-cloisonné en los sitios La Quemada, Los Pilarillos, Presa de Ambrosco, Potrero Nuevo, Palo Verde, Tabla de Garabatillo así como en el Cañón de Juchipila, durante la segunda fase de ocupación (550-900 CE), que es cuando sitios como Las Ventanas tienen su auge y se relacionan con la cultura de Ixtépete-El Grillo y el Cañón de Bolaños. Durante este periodo también están asociadas a la cerámica pseudo-cloisonné las vasijas el esgrafiado color negro relleno de pigmento rojo (Jiménez Betts y Darling 2000; Wells y Nelson 2001; Pérez Cortés 2007). En el valle de Atemajac, observamos la presencia de este tipo de cerámica en el complejo El Grillo, en donde se encuentra asociada a cajetes con base anular, soportes huecos trípodes, molcajetes con punzonado o inciso de base anular y los bordes revertidos (Beekman 1996). En la región de los Altos de Jalisco en los valles de Atotonilco-Tototlán, Tepatitlán, Teocaltiche, Jalostotitlán y Lagos de Moreno se ha reportado la presencia de cerámica de este tipo durante el periodo Clásico (400-900 CE), en donde se plasma la técnica sobre copas de base de pedestal y posteriormente en cajetes de base anular y ollas (700-900 CE; López Mestas, Ramos de la Vega y Santos Rodríguez 1994; López Mestas y Montejano 2003; Pérez Cortés 2007). Hacia la región de Guanajuato, se ha reportado una vasija antropomorfa con decoración incisa, al negativo y posteriormente al pseudo-cloisonné proveniente de la sierra de Los Jacales, muy cerca del sitio El Cóporo, Guanajuato (Torreblanca, Álvarez y Colon Lujàn 2013). En Aguascalientes se ha reportado la presencia de fragmentos cerámicos decorados al pseudo-cloisonné en Cerro de Santiago, El Ocote, Cerro de En medio y La Montesita (Jiménez Betts y Darling 2000; Jiménez Meza [ed.] 2014; Puch Ku 2014; Schulze y Pérez Roldán 2013; Dueñas García [ed.] 2016). Estos fragmentos se caracterizan por ser parte de ollas y cajetes sobre las que se aplica una pasta color grisáceo que marca el contorno de las figuras y que posteriormente es raspado para ser rellenado con una pasta color blanco, rojizo, salmón, azul y verde cuyas características se asemejan a los cajetes pseudo-cloisonné en los cañones de Juchipila y Bolaños, así como en la región norteña de Jalisco (Cabrero G. 2012; López Mestas, Ramos de la Vega y Santos Rodríguez 1994; López Mestas y Montejano 2003; Pérez Cortés 2007; Figura 11). Los motivos consisten en figuras geométricas como círculos, rectángulos, grecas, líneas que, en ocasiones, forman figuras más elaboradas (Jiménez Meza [ed.] 2014; Puch Ku 2014; López Noyola 2019). Figura 11 – Materiales decorados al pseudo-cloisonné de Aguascalientes: a. Materiales de El Ocote; b. La Montesita; c. Cerro de En medio; d. Cerro de Santiago (fotografías J. Jiménez Meza, M. J. Dueñas García y G. López Noyola) En el sitio Cerro de Santiago, se han recuperado muestras que provienen de recorrido de superficie en el sector A y durante las excavaciones de la Estructura 53 (Puch Ku 2014). De igual manera, se ha reportado la presencia de cerámica pseudo-cloisonné en el sitio de El Ocote, en donde la variedad de objetos recuperados es más amplia; por ejemplo, se han recuperado fragmentos de cajetes y ollas miniatura, ollas, cajetes con base anular y orejeras (Pelz Marín 2005; Jiménez Meza [ed.] 2014). En el sitio La Montesita se han registrado fragmentos de cerámica pseudo-cloisonné provenientes de recorrido y en excavación, del relleno de los muros de la Estructura 76, ubicada en el Sector C del sitio (López Noyola 2019). En Cerro de En medio se recuperó un fragmento de borde en las excavaciones de la Estructura 27 dentro del Patio #2 (Dueñas García [ed.] 2015; Aguilar Martínez y Jasso 2019).

Cajetes al negativo con base anular

Los cajetes con decoración polícroma al negativo con base anular se encuentran distribuidos a lo largo del centro-norte de Mesoamérica y se consideran como diagnósticos de una esfera de interacción cerámica que abarca el sur de Zacatecas y el norte de Jalisco (Jiménez Betts y Darling 2000; López Mestas, Ramos de la Vega y Santos Rodríguez 1994; Pérez Cortés 2007; Solar Valverde y Padilla 2013; Sánchez Ramírez 2017; Jiménez Betts 2020). La decoración consiste en la combinación de pintura color rojo sobre el fondo café, crema o bayo con diseños al negativo que forman figuras antropomorfas, zoomorfas, geométricas y abstractas, tanto al interior como al exterior de la vasija. Estos cajetes suelen ser de paredes directas, borde ligeramente evertido y cuyo rasgo principal es el soporte de base anular (Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007; Solar Valverde y Padilla 2013; Sánchez Ramírez 2017; Jiménez Betts 2020). Su presencia se puede rastrear desde los Altos de Jalisco, en donde se distingue de las vasijas con decoración al negativo más tempranos, haciendo alusión a un tipo de negativo de etapas posteriores (Ramos de la Vega y López Mestas 1996). Este negativo tardío también aparece en la cerámica del Cañón de Bolaños, en el sitio de Totoate (Cabrero G. 2014; Sánchez Ramírez 2017), de la misma forma, está presente en el Cañón de Juchipila, durante la segunda fase de ocupación (300-350 al 850-900 CE), en el Cerro del Teúl y Tepizuasco donde se asocian con la decoración rojo sobre bayo, negro inciso/esgrafiado con relleno de pigmento rojo y pseudo-cloisonné (Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007; Lelgemann 2010; Solar Valverde y Padilla 2013). Hacía el suroeste de Zacatecas la presencia de estos tipos cerámicos se reporta desde el Valle de Tlaltenango hasta la región del cañón Juchipila y hacía el este, en el sitio de Buenavista y La Montesa en la región de Villa García (Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007). También se ha registrado cerámica polícroma al negativo con la combinación cromática de negro y rojo sobre bayo, de bases anulares en el Valle de Atemajac hacia el norte del estado de Jalisco; estas características hacen posible correlacionar el material con cerámica al negativo de Cañón de Juchipila y los Altos de Jalisco (Jiménez Betts 1989; López Mestas, Ramos de la Vega y Santos Rodríguez 1994; Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007; Solar Valverde y Padilla 2013; Jiménez Betts 2020). Así mismo, los cajetes polícromos negativos también están presentes en sitios como Alfaro, La Gavia, Cerrito de Rayas así como en el sitio El Cóporo al norte de Guanajuato, con algunas características diferentes como las bandas color rojo sobre un fondo café. En el Valle de Malpaso durante la fase C (600-800 CE), este tipo de cajetes con base anular se consideran intrusivos y se diferencian de la cerámica al negativo de manufactura local, conocida como el Tepozán negativo, el cual también aparece durante las últimas fases del periodo Clásico (Ramos de la Vega y López Mestas 1996; Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007; Solar Valverde y Padilla 2013). En la región del Valle de Aguascalientes estos cajetes se han reportado en sitios como El Ocote (Figura 12) y La Montesita ubicados al sur y sureste del estado respectivamente, muy cercanos a los límites con el estado de Jalisco; de manera intrusiva se han reportado en el sitio Cerro de Santiago, ubicado en la porción noroeste de Aguascalientes (Pelz Marín y Jiménez Meza 2011; Jiménez Meza [ed.] 2014; Puch Ku 2014; López Noyola 2019). En este último sitio fue posible distinguir una importante variedad de muestras con decoración al negativo, entre los que destacan el negativo sobre el fondo color rojo, negativo rojo sobre negro, negativo negro sobre café y la combinación cromática de los policromos negativos rojo sobre bayo (Puch Ku 2014). Figura 12 – Cajetes al negativo con base anular del Ocote. A y B son cajetes de fondo punzonado. A tiene una decoración exterior al negativo y B tiene los motivos al negativo en su interior, resaltados en falso color utilizando el programa DStretch, y rojo sobre bayo al exterior. C es un cajete de base anular decorado al negativo también, pero su forma es similar a las reportadas para al cañón de Juchipila y los Altos de Jalisco (M. J. Dueñas García) En El Ocote se menciona la presencia de cajetes con decoración rojo sobre bayo y al negativo en ollas y cajetes de borde evertido con paredes directas y soporte de base anular. La decoración consiste en motivos circulares, grecas, espirales y “peines” en la cara interna y externa de la vasija con una banda color rojo sobre el borde (Pelz Marín 2005). Por último, en el sitio de La Montesita se ha registrado la presencia de fragmentos de bordes y bases anulares decoradas al negativo con una combinación cromática de negro, rojo y bayo. Estos fragmentos muestran una serie de diseños iconográficos que pueden ser combinaciones de motivos geométricos, zoomorfos y abstractos. Los motivos se despliegan sobre un panel color bayo que se encuentra en la parte central del cuerpo de la vasija, casi siempre en la cara interna. En la parte superior, en la parte del borde y el labio llevan una banda color rojo, así como en la parte inferior casi en la base de la vasija; los motivos al negativo casi siempre van plasmados sobre el panel color bayo (López Noyola 2019). Los cajetes al negativo de base anular recuperados en contexto de los sitios de Aguascalientes provienen de excavaciones realizadas en la zona habitacional de los asentamientos, en asociación a los apisonados de tierra y los muros, como es el caso de la Estructura 76 del sitio La Montesita, la Estructura 53 del Cerro de Santiago y en asociación a entierros, como es el caso de un cajete que proviene del Entierro #5 en El Ocote y una base anular al negativo del sitio La Montesita (Pelz Marín y Jiménez Meza 2011; Puch Ku 2014; López Noyola 2019).

Borde revertido

Junto a los cuencos de base anular decorados al negativo, esta forma de borde típica también es diagnóstica del Epiclásico en el Norte de Mesoamérica: el borde revertido. En nuestra área de interés, también se conoce como borde “escalón” o “reforzado” y es un rasgo característico de la cerámica rojo anaranjado-guinda de los Altos de Jalisco (López Mestas, Ramos de la Vega y Santos Rodríguez 1994; Pérez Cortés 2013; Araiza Gutiérrez 2013). Existen reportes de su presencia hacia el oriente hasta San Luis Potosí, tanto en el valle como en la región de Río Verde, y hacía el extremo occidental, se ha reportado hasta Colima (Ramos de la Vega y López Mestas 1999). En tres sitios de los Altos de Jalisco, Baus de Czitrom y Sánchez Correa describen materiales cerámicos con este tipo de borde y mencionan que la forma más común entre los objetos que recuperaron son los bordes revertidos en ollas (aunque también está presente en menor medida en cuencos), decorada con un engobe rojo pulido en el exterior, y un engobe crema sin pulir en el exterior (Baus de Czitrom y Sánchez Correa 1986). Este mismo tipo de borde es mencionado por Isabel Kelly en 1949 cuando reporta los materiales del sitio de Tuxcacuexco, en el sur del estado de Jalisco, al oriente del estado de Jalisco, en la zona de Tamazula-Tuxpan-Zapotlán con una cronología que va del 600 al 1523 CE (Baus de Czitrom y Sánchez Correa 1986; Araiza Gutiérrez 2013). También es reportada (Schöndube 1973-1974 en Baus de Czitrom y Sánchez Correa 1986). Jiménez reporta estos bordes en el Cañón de Juchipila y el Valle de Tlaltenango, con una temporalidad de entre 300/400-900 CE. Hacia el sur, en el norte de Michoacán, cerca del río Lerma, también aparece este tipo de borde reportado por Michelet y Pereira, lo mismo para Guanajuato durante el Epiclásico (citado en Araiza Gutiérrez 2013: 167). Por su parte, Araiza Gutiérrez considera este atributo como diagnóstico de la cerámica de los Altos de Jalisco y el Valle de Atemajac, en donde aparece durante la fase Grillo (300-700 CE; Araiza Gutiérrez 2013). Aunado a esto, este tipo de bordes aparece en relación con vasijas de tipo efigie, cajetes de base anular y figurillas Cerro de García. Por otro lado, además de las semejanzas cerámicas entre el valle de Atemajac, Los Altos y el sur de Zacatecas, también es posible correlacionar ciertas similitudes de tipo arquitectónico y de patrón de asentamientos, determinadas principalmente por las edificaciones en L o U (Araiza Gutiérrez 2000). En Aguascalientes todos los sitios aquí mencionados han reportado la presencia de este tipo de borde, y en particular en el sitio arqueológico CDEM se encuentro un fragmento de olla con borde revertido como ofrenda bajo el piso de la Estructura 27 del Patio #2. Así mismo, se recuperó un fragmento de cuenco de base anular en la misma estructura, pero en la capa II. Además, en las periferias del asentamiento, en un sitio llamado Casa de Indios, se encontraron bordes revertidos, un fragmento de vasija de base anular con decoración pseudo-cloisonné y materiales decorados al negativo en recorridos de superficie (Dueñas García [ed.] 2013). También se ha reportado este tipo de bordes en relación con fragmentos de cajetes de base anular con fondo punzonado en sitios como La Montesita, Cerro de Santiago y El Ocote (Puch Ku 2014; López Noyola 2019; Pelz Marín y Jiménez Meza 2011; Figura 13). Figura 13 – Bordes revertidos y bases anulares recuperados en excavaciones en a. El sitio de CDEM y b. El sitio de La Montesita (dibujos Guillermo Aguilar, M. J. Dueñas García y fotos Gilda López)

Valle San Luis

La cerámica Valle San Luis o San Luis Polícromo fue descrita por primera vez en 1948 durante las exploraciones de Joaquín Meade en la zona centro de San Luis Potosí y posteriormente fue descrita por Beatriz Braniff Cornejo en 1975 durante sus recorridos por el sitio de Electra (Meade 1948 ; Braniff Cornejo 1992). Este tipo se considera como diagnóstico de la región del Valle de San Francisco y Villa de Reyes, que a su vez forma parte de la subregión cultural conocida como el Tunal Grande que abarca la porción suroccidente del estado de San Luis Potosí, el sureste de Zacatecas y el norte de Guanajuato. Su presencia también se ha reportado en sitios de Querétaro, Aguascalientes y Jalisco (Braniff Cornejo 1992; Crespo Oviedo 1976; Pérez Cortés 2007; López Noyola 2019; Jiménez Betts 2020). De acuerdo con Braniff Cornejo, este tipo se caracteriza por ser una cerámica fina. El acabado de superficie puede ser un pulido o bruñido irregular y la decoración consiste en bandas color rojo o anaranjado sobre el color de la superficie delimitadas por líneas color negro acompañadas de motivos lineales, geométricos, abstractos y en algunas ocasiones se le agrega decoración al pastillaje o al negativo. Las formas tienden a ser ollas de gran tamaño y de boca ancha, así como escudillas, tecomates y vasijas en miniatura (Braniff Cornejo 1992). La región del Valle de San Francisco se extiende abarcando sitios como Electra en Villa de Reyes, El Peñasco, Labor del Río y Cerro de Silva ubicados en Villa de Arriaga, así como su en La Mezclita, Río Verde (Crespo Oviedo 1976; Braniff Cornejo 1992). También se ha registrado junto con el tipo cerámico Zaquil negro esgrafiado diagnóstico de la fase Pánuco IV o fase Zaquíl, durante el periodo Clásico Tardío en la Huasteca (Crespo Oviedo 1976; Braniff Cornejo 1992; Pérez Cortés 2007). En Guanajuato, se ha reportado en sitios como San Bartolo de Berrio, La Gavia (Crespo Oviedo 1976; Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007) y Braniff Cornejo menciona su hallazgo en el sitio de El Cóporo (Torreblanca, Álvarez y Colon Lujàn 2013). En el sureste de Zacatecas se ha reportado este material en por lo menos 12 sitios de la zona de Villa García y Loreto (Braniff Cornejo 1992; Ramírez Bolaños 2010) y en el sitio de Buenavista y Chepinque, en el municipio de Ojocaliente, así como en El Cerrito, La Joya y en la región de Pinos, Zacatecas (Crespo Oviedo 1976; Braniff Cornejo 1992; Pérez Cortés 2007; Jiménez Betts 2020). En los Altos de Jalisco se ha reportado en sitios como Chinampas y El Cuarenta durante los trabajos de Román Piña Chan, así como en el sitio de Ciénega de Mata (Braniff Cornejo 1992), también se ha registrado de manera intrusiva en el valle de Malpaso, como se menciona en los sitios de La Quemada y Los Pilarillos (Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007; Torvinen y Nelson 2020). Este tipo se encuentra distribuido a lo largo de toda la esfera Septentrional denominada por Kelley y retomada por Peter Jiménez, añadiendo esta esfera del Valle San Luis, el cual interactúa de manera directa con las esferas cerámicas del sur de Zacatecas y norte de Jalisco y con una parte de la esfera del Bajío (Jiménez Betts y Darling 2000; Pérez Cortés 2007; Jiménez Betts 2020). Hasta la fecha, la presencia de este tipo cerámico se ha reportado en algunos sitios de Aguascalientes, en específico en los sitios de Cerro de Santiago y La Montesita (Figura 13). En Cerro de Santiago, se han registrado fragmentos que provienen de recorrido de superficie y excavación de las Unidades 1 y 3 (Puch Ku 2014). En La Montesita la muestra de San Luis Polícromo proviene del recorrido en los 5 sectores que conforman el sitio, siendo el sector D, ubicado en las laderas del cerro de La Montesita el de mayor concentración, así como en la excavación de la Estructura 76, ubicada en el sector C en la periferia del sitio, proveniente del relleno de los muros de una estructura habitacional (López Noyola 2019).

Electra Polícromo

Braniff Cornejo reporta este tipo cerámico como diagnóstico de la Fase San Luis, en el sitio de Electra, Villa de Reyes, encontrado en relación estratigráfica con el tipo Valle San Luis (Braniff Cornejo 1992). Se caracteriza por cajetes y escudillas de base anular, con una decoración que consiste en engobe color rojo que cubre la totalidad de las vasijas, sobre el que se añade una serie de puntos color negro paralelo a líneas en color blanco. Este tipo sólo se ha reportado en el Cerro de Santiago asociado a la Estructura 87, durante los trabajos de recorrido en el sitio (Figura 14). Figura 14 – Materiales Valle San Luis y Electra policromo encontrados en Aguascalientes: a. materiales Valle San Luis encontrados en La Montesita y b. materiales Electra Polícromo encontrados en Santiago (fotografías Gilda López)

Inciso/Esgrafiado

Esta técnica está presente a lo largo de Mesoamérica, en el Bajío y la región Septentrional, así como el Occidente mesoamericano (Kelley y Abbott 1971; Jiménez Betts y Darling 2000; Cabrero G. 2014; Trombold 2014; Pomédio 2015; Jiménez Betts 2020). El esgrafiado abarca una amplia temporalidad pues se ha reportado desde el Preclásico hasta el Posclásico, presentando cambios, tanto en el diseño como en la técnica de ejecución a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en la región del Bajío, la decoración incisa/esgrafiada del Epiclásico se puede distinguir por compartir rasgos en común: se determina por una cerámica fina, de colores café, bayo, negro o gris. Los motivos casi siempre son geométricos distribuidos de forma horizontal formando una banda alrededor del cuerpo de la vasija y se caracteriza por la presencia, en ocasiones de pigmento blanco o rojo al interior de las incisiones (Pomédio 2015). En el noroccidente de Mesoamérica, es común que este material se encuentre acompañado con tipos rojo sobre bayo y a tipos decorados al negativo o al pseudo-cloisonné. Uno de los tipos más característicos es el denominado Atoyac Inciso (Noyola 1994; Mata-Ratkovich 2011; Solar Valverde y Padilla 2013). Estas similitudes en los tipos inciso/grabado distribuidas desde la región del Lerma medio hasta el Occidente, también se han reportado en sitios como El Teúl en Zacatecas, el Valle de Atemajac, el Cañón de Juchipila y el Cañón de Bolaños, y una de sus características principales es el pigmento con el que se recubren las oquedades, este puede ser de color rojo o blanco y pueden distinguirse un tipo de esgrafiados tardíos que carecen de esto (Cabrero G. 2010; Solar Valverde y Padilla 2013; Puch Ku 2014). Hacía el Occidente de Zacatecas, en el Valle de Malpaso y la región de Chalchihuites, es posible distinguir la cerámica esgrafiada como parte de la fase Canutillo (450-600 CE; Trombold 2014). Cabe mencionar que la técnica decorativa muestra diferencias que pueden ser distinguibles por región, pero en algunos de los casos, presentan cierta similitud en cuanto a los motivos decorativos, el acabado de superficie y la forma de las vasijas que podrían arrojar indicios de intercambio o un origen en común. En el caso de la región de Aguascalientes, se ha reportado cerámica incisa/esgrafiada en sitios como Cerro de Santiago, El Ocote, La Montesita y Cerro de En medio. Esta cerámica se caracteriza por motivos lineales o geométricos, grecas, líneas, puntos y motivos triangulares que, en ocasiones son rellenas con pigmento de color rojo o blanco. Las piezas provienen de excavación, como ejemplo la Unida 1, en Cerro de Santiago y en el relleno de las estructuras 153 y 154, del Patio #9 en Cerro de En medio, así como en superficie en el sitio de La Montesita.

Impresos

La cerámica con decoración impresa o impresión de uñas se describe como temprana en asociación a tumbas de tiro en el sitio de La Florida, al norte del Cañón de Bolaños y en la región de Chalchihuites, al occidente de Zacatecas (Cabrero G. 2010; Kelley y Abbott 1971). Se tiene registro de algunos fragmentos cerámicos con decoración impresa en el relleno de las estructuras 153 y 154 del Patio #9 en Cerro de En medio, siendo el único sitio con este tipo registrado hasta la fecha (Figura 15). Figura 15 – Materiales esgrafiados e “impresos con uñas” encontrados en CDEM (dibujos Guillermo Aguilar)

Tablillas

Las denominadas placas, tablillas o bateas son piezas rectangulares y convexas de arcilla (Solar Valverde y Padilla 2013). En el material analizado de El Ocote, Santiago y CDEM se tienen identificados los siguientes tipos: Café pulido, Crema, Rojo/Café y Rojo/Bayo, identificados ya en el canon de Bolaños, Juchipila y el Teúl (Beekman y Weigand 2008; Cabrero G. 2010; Solar Valverde y Padilla 2013). Al respecto el arqueólogo Román Piña Chan dentro del muestrario cerámico[2], para el sitio arqueológico El Teúl al Sur de Zacatecas maneja un tipo llamado Café negruzco dentro del cual se localizan fragmentos de placas o tablillas con dibujos incisos en una de sus caras. En cuanto al material de El Ocote, la pasta de los denominados tipos Tablillas café pulido y crema es una pasta que va de un color café claro a un café obscuro. El acabado de superficie en el Café pulido presenta un pulimento conocido como pulido a palillos hasta llegara hacer un acabado de superficie finamente trabajado, el cual le da un bruñido y lustrosidad a la pieza; los fragmento cremas son generalmente alisados con ligero pulimento. El tratamiento de superficie en una de sus caras –la dorsal– presenta un pulimento con técnica llamada pulido a palillos y en la cara frontal generalmente es donde se encuentran los diseños, estos suelen estar enmarcados por una banda con técnica de pulido y la parte central es un alisado donde posteriormente son colocados los diseños precocción realizados con técnicas de incisión, acanalado y punteado; estos se presentan en una variedad de motivos geométricos como triángulos, zigzag, líneas paralelas y diagonales, cuadriculado y medio círculo (Figura 16). Figura 16 – Tablillas en Aguascalientes: a. Tablillas encontradas en El Ocote; b. Tablilla encontrada en CDEM (fotografías J. Jiménez Meza y M. J. Dueñas García) La mayoría de las placas tienen un grosor que va de 0,9 cm a 1,7 cm. Dentro de este material figura un fragmento con una escena zoomorfa, dos animales cuadrúpedos realizados con técnica de incisión y punteado, los animales se dibujaron con incision y alrededor de ellos con una serie de impresiones –con técnica de punteado– como de lluvia o nevada (Jiménez Meza [ed.] 2014). La pasta de las tablillas decoradas tipo Rojo/Bayo y Rojo/Café es de color café claro a crema. En las tablillas o placas tipo Rojo/Bayo los diseños se presentan en la cara frontal o principal sobre una base alisada, trabajándose la superficie en la cual se realizó el diseño siendo éste un cuadriculado con técnica de incisión, estando enmarcado por el color rojo pulido, usando técnica de pintado. En el reverso es notorio el color rojo pulido cubriendo todo el cuerpo de los fragmentos que se conservan, el grosor va de 1 cm a 1,5 cm y del Rojo/Café es solo un fragmento con una banda pintada en color rojo en el contorno de la forma. En relación con el contexto donde fueron localizadas, se encuentra asociadas a restos óseos, como los reportados en los sitios del sur de Zacatecas (Jiménez Meza [ed.] 2014).

Figurillas Tipo I

Considerada como uno de los rasgos diagnósticos de la red de interacción del noroccidente, este tipo de figurilla se distribuye desde el Valle de Malpaso, el Cañón de Juchipila, los Altos de Jalisco y el Valle de Atemajac y la región de Alta vista-Chalchihuites, Aguascalientes, Guanajuato, hacía el extremo occidente, en donde se ha reportado su presencia en la cuenca de Sayula (Jiménez Betts 1989; Bocanegra Islas y Valencia Cruz 1994; Pérez Cortés 2007; Jiménez Meza [ed.] 2014; Nicolás Caretta y Dueñas García 2019; Solar Valverde 2021). Fue descrita y nombrada por Glyn Williams (1974), quien destacó sus principales características, de las que sobresalen una cabeza alargada, de forma rectangular y un cuerpo plano con prognatismo maxilar y nasal; la nariz termina por un corte rebanado y lleva una nariguera circular a manera de aplicación al pastillaje. Los ojos son ovalados por técnica de punzonado, así como orejeras aplicadas al pastillaje (Williams 1974; Jiménez Betts 1989; Bocanegra Islas y Valencia Cruz 1994; Solar Valverde 2021). Así mismo, estas características presentan variables regionales (Solar Valverde 2021). Su presencia se ha reportado en tres sitios del Cañón de Juchipila, entre ellos La Purísima (Jiménez Betts 1989) y en sitios como Tequesquite y San Aparicio en Los Altos de Jalisco (Williams 1974). En el Valle de Malpaso, Trombold, Ramírez Bolaños y Jiménez Betts han reportado este tipo de figurillas en el sitio de La Quemada y sus alrededores, así como en la presa Chicomoztoc (Jiménez Betts 1989; Bocanegra Islas y Valencia Cruz 1994). También se ha reportado en la región de La Montesa y Los Campos, Zacatecas y al norte de Guanajuato, como es el caso del hallazgo de figurilla por Beatriz Braniff Cornejo en el sitio El Cóporo (Bocanegra Islas y Valencia Cruz 1994; Pérez Cortés 2007; Solar Valverde 2021). Al respecto, su cronología se relaciona con la fase Alta Vista (750-850 CE), por su relación estratigráfica en contextos del sitio de Alta Vista, excavados por Charles Kelley en 1975 (Jiménez Betts 1989) aunque se puede considerar una cronología más amplia que va del 650-850/900 CE por su relación con asentamientos en Los Altos, el Cañón de Juchipila y el Valle de Malpaso (Jiménez Betts 1989; Bocanegra Islas y Valencia Cruz 1994; Solar Valverde 2021). En Aguascalientes se ha reportado la presencia de figurilla Tipo I en Cerro de Santiago, El Ocote y La Montesita, en todos los sitios, los fragmentos provienen de prospección por lo que no es posible su asociación a un contexto (Puch Ku 2014; Schulze y Pérez Roldán 2014). Lo mismo sucede con el resto de las figurillas reportadas en el Noroccidente; son contados los sitios en los que se han obtenido de contextos de excavación, como es el caso de Alta Vista, La Quemada y Cerro de Las Ventanas, este último, cuyo contexto puede estar asociado con actos de ritualidad dirigidos a la renovación de espacios arquitectónicos (Solar Valverde 2021). Figura 17 – A. Fragmentos de figurillas Tipo I recuperados en excavaciones en Santiago, y en CDEM; b. figurilla Tipo I del Museo Regional de Aguascalientes (fotografías M. J. Dueñas García)

Figurilla Río Verde

Este tipo de figurilla se ha identificado como una variante del Tipo I, en la región de Los Altos de Jalisco, el sur de Zacatecas, el Valle de Malpaso y Aguascalientes, atendiendo el corredor cultural de la corriente fluvial del Río Verde Grande (Pérez Cortés 2007; Puch Ku 2014; Dueñas García 2017; Solar Valverde 2021). Sus rasgos distintivos son una boca abierta con los dientes marcados por incisión y dos orificios a manera de fosas nasales, pero se desconoce el resto del rostro, así como tocado y el torso debido a que la gran mayoría de las piezas están fracturadas (Pérez Cortés 2007). Los primeros autores en hacer mención sobre estas figurillas fueron Baus de Czitrom y Sánchez Correa (1986) aludiendo a su hallazgo de recorrido en el sitio de Cerro de Tamara, región de los Altos de Jalisco y lo asociaron a la clasificación de figurillas tipos I y IV hecha por Williams (1974), sin embargo, aunque es posible que algunos rasgos como la nariz y los atavíos pueden ser semejantes, Enrique Pérez sobre sus hallazgos en el sitio de Buenavista, Zacatecas refiere que las figurillas Río Verde tienen características propias y diferentes a estos tipos (Pérez Cortés 2007). Estas figurillas también se han registrado la región de Jalpa, sureste de Zacatecas, con algunos fragmentos presentados en la casa de cultura de dicho lugar. También se recuperó un fragmento con características semejantes en las excavaciones realizadas por Pedro Armillas en La Quemada, así como un fragmento recuperado de colección privada en el Valle de Malpaso (Pérez Cortés 2007). Se han recuperado algunos fragmentos de figurilla tipo Río Verde en algunos sitios de Aguascalientes (Figura 18). Figura 18 – Figurillas Tipo Río Verde: a. encontrado en Santiago; b. encontrada en El Ocote (fotografías M. J. Dueñas García y J. Jiménez Meza) En el sitio Cerro de Santiago, se recuperó un fragmento de figurilla con la nariz y la boca semejante a la descripción anterior, con un acabado pulido y un engobe color negro recubriendo la cara exterior. El hallazgo proviene de la excavación de la Estructura 53, capa III, en asociación a un fragmento de pseudo-cloisonné (Puch Ku 2014). En el sitio El Ocote se identificó un fragmento de figurilla Río Verde proveniente de las excavaciones del área habitacional del asentamiento (Jiménez Meza [ed.] 2014).

Implicaciones y consideraciones preliminares sobre la cronología e interacción de los sitios de Aguascalientes

Los materiales aquí presentados son diagnósticos de una región y un tiempo en particular: el Norte de Mesoamérica durante el Epiclásico, que argumentamos es la principal fase de ocupación de la región que hoy ocupa el estado de Aguascalientes, durante tiempos prehispánicos. Los tipos cerámicos anteriores son considerados como diagnósticos en la frontera noroccidental mesoamericana, su presencia se reporta en Aguascalientes, así como en asentamientos de regiones aledañas, como se muestra en la Tabla 3.
Tipos cerámicos diagnósticos Santiago (Ags.) El Ocote (Ags.) La Montesita (Ags.) Cerro de En medio (Ags.) Santa Elena/Pinos y La Mesilla Buenavista (Zac.) Electra, Villa de Reyes (SLP.) El Cóporo/La Gloria y El Cobre (Gto.) El Cuarenta/Los Altos de Jalisco Juchipila/Teúl (Jalisco/Zacatecas) Valle de Malpaso
Cajete Negativo x x x x x x x
Pseudocloisonné x x x x x x x x x
Valle San Luis x x x x x x x
Electra Polícromo x x x x
Figurilla Tipo Río Verde x x x x
Figurilla Tipo I x x x x x x x
Figurilla Cerro García x x x
Borde Revertido x x x x x x x x
Base anular x x x x x x x x x x
Blanco levantado x x x x
Inciso x x x x x
Tabla 3 – Tipos ceramicos diagnosticos reportados para los sitios aledaños a nuestra área de estudio (Gilda López y M. J. Dueñas García, retrabajado de Puch Ku 2014) La cerámica con rasgos diagnósticos que se ha reportado en asentamientos de la porción norte del Río Verde Grande presenta abundantes similitudes estilísticas con los materiales de regiones aledañas, implicando una estrecha comunicación, intercambio y relación que consideramos en general como parte de una esfera de interacción. El término de esfera de interacción se refiere a una concentración geográfica de diversas culturas que participan como grupo en una o más actividades las cuales les dan un grado de unidad no compartida con otras culturas. En términos de estilos compartidos, dentro de la cual, el compartir implica algún grado de interacción cultural (Kelley 1974: 33). Con el desarrollo de esa noción (esfera de interacción) se le asignaba a cada participante de un sistema social, un papel de mayor actividad, con un potencial propio, sin la necesidad de mecanismos de influencia o diseminación de ideas unidireccionales, impositivos o de dominación (Solar Valverde 2002). Dentro de una esfera de interacción, las sociedades pueden compartir ciertas características culturales y económicas, aunque también pueden mantener diferencias y particularidades propias. Los datos presentados en párrafos anteriores, muestran la presencia de algunos indicadores de materiales diagnósticos de dichas interacciones, en este caso, los cajetes al negativo de base anular, la cerámica pseudo-cloisonné o las figurillas Tipo I y Tipo Río Verde, que junto con la cerámica Valle San Luis, sugieren una intensa interacción cultural entre los grupos asentados en el área de los cañones Zacatecanos, que continua por la corriente fluvial del Río Verde Grande y abarca el norte de Jalisco, región conocida como los Altos (Figura 17). Esencialmente, esta interacción se dio en asociación directa con los sitios reportados en las inmediaciones de la Sierra Madre Occidental, lo que nos permite plantear que compartieron rasgos que esbozan una misma región cultural, al menos hasta finales del Epiclásico. Así mismo, los sitios ubicados al oriente del estado de Aguascalientes muestran una filiación con los asentamientos del suroccidente de San Luis Potosí, dejando a la zona norte del Río Verde Grande como un área de traslape entre dos esferas de interacción cerámica, algo que ya apuntaban trabajos anteriores, siendo estos sitios los que se ubican al extremo oriente de la esfera Sur de Zacatecas-Norte de Jalisco (Solar Valverde 2002; Pérez Cortés 2007; Jiménez Betts 2020). Un aspecto importante que retomamos en este trabajo, son los contextos en los cuales se han identificado estos tipos cerámicos en los sitios de Aguascalientes. En su mayoría, provienen de excavaciones, como parte del material constructivo de espacios domésticos y/o zonas habitacionales, ubicados en ocasiones, en las periferias del asentamiento. Por lo anterior, es posible considerar la práctica de un uso más amplio que cumplían estos bienes, más allá del aspecto religioso o de élite en el que se han reportado en regiones aledañas (Kelley 1974, 1990; Solar Valverde y Padilla 2013; Torreblanca, Álvarez y Colon Lujàn 2013; Jiménez Betts 2020). Al parecer, estos materiales son compartidos sin restricciones a la población en general en los sitios de Aguascalientes; queda entonces por definir la forma en que estas comunidades se hicieron de estos materiales, es decir, las maneras en que estas interacciones se dieron, pues estas pueden ir desde simples intercambios o regalos personales (Mauss 2002), hasta formas de adquirirlos en mercados regionales, como los que se reportan en tiempos del contacto (Manzanilla 1992); o tal vez son producto de despojos producto del conflicto (Dye 2009). Aún estamos en una etapa temprana de investigación para poder definirlas, queda pendiente el análisis detallado de estos contextos, lo que nos permitirá un acercamiento a la dinámica cultural de los grupos asentados en esta región arqueológica y zonas aledañas. Con respecto a la cronología, se han reportado materiales que pudieran ser de temporalidades distintas a los materiales descritos en los sitios de Aguascalientes. En estrecha relación con asentamientos de Occidente, sin embargo, estos hallazgos han sido escasos y provienen de diversos contextos (algunos encontrados en superficie o por donación particular). Por ahora, los datos obtenidos en Aguascalientes apuntan a que el abandono de los sitios ocurrió al mismo tiempo que el resto de los asentamientos del noroccidente, durante el Postclásico temprano, lo que solo nos permite hipotetizar sobre la profundidad cronológica de la región, que probablemente se extienda desde mediados del Clásico (200-600 CE) y quizá, a principios del Postclásico (1000-1200 CE) como sucedió con los asentamientos más importantes de la región, en este caso Chalchihuites, rama Súchil (Jiménez Betts 2020) y La Quemada en el Valle de Malpaso (Nelson et al. 1997; Figura 19). Para responder lo anterior, análisis recientes darán pauta para conocer un poco más sobre los asentamientos en el estado, por lo que se continúa con la investigación la obtención de nuevos resultados. Figura 19 – Mapa de Esferas de Interacción del noroccidente mesoamericano durante el epiclásico (600-900 CE; M. J. Dueñas García)

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Notas

[1] Claves de muestras: INAH 2703, 2704A, 2704B y 2704C ; Beta 453271 y 453272.

[2] Que se encuentra en el Departamento de Colecciones Arqueológicas Comparativas de la Coordinación Nacional de Arqueología.

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